Año nuevo, estrategia vieja: Sánchez escupe al PP y luego le exige acuerdos

Año nuevo, estrategia vieja: Sánchez escupe al PP y luego le exige acuerdos

Imagine esta situación: dos grandes corporaciones se disputan desde hace décadas la dirección de una gran compañía. El campo de batalla tiene lugar todos los jueves últimos de cada mes y se llama consejo de administración. Ahora pongámonos en la hipótesis de que los actuales mandamases se las ven y se las desean para sacar adelante las grandes decisiones empresariales. Desde la última reorganización accionarial siempre van justos de votos en el consejo y tienen que buscar la complicidad de cualquier representante en el consejo de administración, incluido su gran rival.

Si usted estuviera en esta situación, ¿qué camino elegiría para allanar el camino y lograr acuerdos con su oponente? Sin dudarlo un segundo, por mi experiencia, mi recomendación es un acercamiento basado en un diálogo honesto y en la búsqueda de objetivos comunes para que comprenda la necesidad de llegar a algún tipo de alianza, aunque ésta sea mínima.

Objetivos corporativos vs. personalistas

En cambio, hay otra forma de negociar que se aleja por completo de los objetivos corporativos y opta por otros meramente personalistas de las personas que ostentan la fuerza. Consiste en creer que el poder es absoluto y que puede hacer lo que quiera, ya sea insultar a su rival o culpar a tu contrincante de todos los males de la compañía. Todo vale en este tipo de estrategia tan negativa y que tan poco útil resulta en términos empresariales.

Este símil con el mundo de la empresa es un ejemplo para explicar el lamentable estilo negociador que ha impuesto Pedro Sánchez desde su llegada a La Moncloa. Más aún desde los resultados del pasado 23J y los acuerdos cogidos por pinzas que lo mantienen en un equilibrio imposible que marcará una legislatura abocada a la bronca constante con sus propios socios, que se frotan las manos cada vez que el líder de los socialistas se les acerca a pedir sus votos.

Esta forma de negociar se puede definir como despótica, ya que abusa de su teórica situación de superioridad. O también la podemos llamar negociación kamikaze, un estilo en el que se siente extremadamente cómodo.

Pedro Sánchez está en su salsa metiendo el dedo en el ojo al Partido Popular, lanzando continuos insultos a Feijoó por no plegarse a sus intereses y escupiendo al principal partido de la oposición para, justo después, exigirle llegar a acuerdos. Curiosa forma de buscar acuerdos, si es que es esto lo que realmente quiere.

Hace tiempo que el presidente del Gobierno actúa sabiendo que su tiempo en la política nacional está a punto de extinguirse. Por eso, ha instaurado un estilo negociador de tierra quemada para que, cuando ya no esté entre nosotros, los que vengan a sustituirlo lo tengan muy complicado y allá desde donde encuentre acomodo para su palabrería, pueda decir: ¡Pues conmigo España estaba mejor! 

Para finalizar, unas preguntas para la reflexión:

¿Cuándo se olvidó Pedro Sánchez de la función de servicio público que exige su puesto de trabajo como presidente del Gobierno de España?

¿Quizás nunca tuvo esa visión y ahora estamos viendo las nefastas consecuencias que está teniendo para nuestra democracia?

¿No hay nadie en su partido que tenga el valor de alzar la voz?

Repito: ¿En serio no hay nadie en el PSOE que se mueva para no salir en la foto de la amnistía y los pactos de la vergüenza que van a marcar esta legislatura?

De vendedor a Director Comercial

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