La negación de la negociación: el ejemplo de la subida del SMI

La negación de la negociación: el ejemplo de la subida del SMI

Una pregunta. Así, para comenzar: ¿qué opinión tendría de una empresa que está en plena negociación para aumentar los sueldos de sus empleados y, a la primera falta de acuerdo, deciden romper el diálogo e imponen una decisión? Si le pidiera una calificación a esta compañía, posiblemente haya pensado en conceptos como “autoritarios”, “inflexibles” o “tiranos”.

Pues bien, ahora pongámosle nombre a esta empresa: Ministerio de Trabajo del Gobierno de España. Y la negociación en cuestión ha sido la subida del Salario Mínimo Interprofesional. Un ejemplo claro y evidente de la negación de la negociación del Gobierno de Pedro Sánchez que poco o nada tiene de progresista y sí mucho de autoritario e inflexible. Lo de tirano se lo dejo a su elección.

De otra manera no se puede explicar que la ministra Yolanda Díaz le diera una patada al pacto social y decidiera que si los empresarios no se plegaban a sus propuestas iban a recibir dos tazas como respuesta. Y así ha sido, con un aumento del 5% pactado con los sindicatos y sin la participación de la patronal. Que, por si a alguien se le ha olvidado, representa a los que tienen que hacer frente a esta decisión.

La CEOE lleva ya tiempo avisando del colapso que pueden sufrir muchas empresas porque, básicamente, desconocen cuáles serán las próximas subidas del SMI, lo que implica una imposibilidad de organizar sus cuentas. Y esto genera una enorme incertidumbre en las empresas. Y después de la incertidumbre llega la falta de confianza. Y después de la falta de confianza llegan los despidos de personal ante la incertidumbre. Y ya tenemos montada una muestra perfecta de pescadilla que se muerde la cola.

Otro de los problemas asociados a esta subida constante del SMI desde la llegada de Yolanda Díaz al Ministerio de Trabajo lo estamos viendo en los contratos con la administración pública, ya que son las empresas las que están aguantando subidas de salarios a costa de reducir sus márgenes de beneficio o, incluso, sabiendo que van a tener pérdidas. Alguien debería recordarle a la ministra Díaz que, sin entrar en cuestiones ideológicas, las empresas necesitan generar beneficios para asegurar su propia supervivencia. Y, de paso, el salario de sus empleados.

El Gobierno de coalición ha tejido una estrategia comunicativa, según la cual las subidas constantes del SMI de los últimos años han sido necesarias para que los empleados con los salarios más bajos puedan a final de mes. Pero lo que no se atreven a contar es que las subidas del SMI están generando enormes ingresos al Gobierno a base de asaetar a más impuestos a las empresas, los principales perjudicados en esta ecuación y cuya capacidad de creación de empleo se está viendo reducida, especialmente entre las inmensa mayoría de pequeñas y medianas empresas que hay en nuestro país.

Y todo esto se aleja mucho de lo que alguna vez fue el PSOE, antes de que Pedro Sánchez decidiera que “lo suyo”, lo de mantenerse en el poder caiga quien caiga, está muy por encima de su partido y del bien común de los ciudadanos a los que debería representar.

Por cierto. Yo también soy calvo y tengo gafas.

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