Las empresas no son tan diferentes a los partidos políticos. Obviamente, los objetivos que persigue una multinacional o una pyme, esto es, obtener un determinado beneficio económico, no es compartido por nuestros representantes en las instituciones públicas. O, al menos, eso dice la teoría, ya que no tenemos que escarbar mucho en nuestra memoria para recordar casos de personas que han hecho mucho daño a la reputación y a la imagen de la política en nuestra sociedad. Dejando a un lado la podredumbre que conlleva la corrupción en la política, sí hay un aspecto que tienen en común el ámbito de las empresas y el de la política. Me refiero a la necesidad de forjar liderazgos sólidos que permitan a tus clientes, empleados o votantes seguir a pies juntillas toda declaración o acción del líder en cuestión.

Pues bien, me ha llamado mucho la atención las declaraciones que ha realizado la hasta hace unos días presidenta plenipotenciaria de Ciudadanos y actual portavoz de este partido en el Congreso de los Diputados, Ines Arrimadas, que ha apuntado que cuando se asume el liderazgo de un partido se sabe que los éxitos serán siempre compartidos por todos, pero que los errores tienen que ser reconocidos en primera persona.

Es de agradecer que Arrimadas haya pedido perdón por los errores cometidos como presidenta de Ciudadanos. Pero algo chirría en su discurso en lo que a liderazgo se refiere. Y es que, si realmente hubiera asumido sus errores, lo primero que hubiera hecho es dejar la portavocía de Ciudadanos en el Congreso de los Diputados, un puesto que a día de hoy es increíblemente más apetitoso desde un punto de vista político que el propio liderazgo de su partido. Porque, siendo honestos con la situación de este partido, creo que no me excedo en mis palabras calificando su recorrido en los últimos años como sin frenos y cuesta abajo.

El esperpento de Ciudadanos en Granada

El esperpento de Ciudadanos en la ciudad de Granada durante la actual legislatura ejemplifica en gran medida esta huida hacia adelante de un partido que aún no sabemos si está en fase de reconstrucción, tal y como pretenden sus nuevos líderes, o en fase de descomposición, tal y como apuntan las últimas elecciones y los pronósticos de las próximas elecciones municipales, donde se espera que este partido se diluya como un azucarillo y pierda gran parte de los representantes que aún les quedan en las instituciones públicas. Y es que tanto PSOE como Ciudadanos han dejado claro que agarrarse al sillón de la alcaldía de Granada ha sido el principal de sus objetivos. Por algo Paco Cuenca forma parte del partido liderado por Pedro Sánchez, el hombre que pasará a la historia por su capacidad para asirse al cargo de una manera que podríamos calificar como heroica, contra viento y marea, o que no lo suelta ni, como diría un castizo, echándole por encima un cazo con agua hirviendo.

Por si fuera poco, el espacio ideológico que ha pretendido ocupar Ciudadanos desde su fundación está siendo reclamado por un Partido Popular que ha apostado por nuevos liderazgos, tanto en el plano nacional como en el local. Porque la designación de Marifrán Carazo como candidata popular al Ayuntamiento de Granada puede suponer el estoque final que remate las opciones de Ciudadanos de lograr algún concejal en la Plaza del Carmen el próximo 28 de mayo.

El liderazgo de Marifrán Carazo

Uno de los factores claves en el liderazgo de Marifrán Carazo es que conoce a la perfección el funcionamiento del Ayuntamiento de Granada, ya que formó parte de la corporación municipal entre 2007 y 2012, cuando marchó hacia el Parlamento Andaluz. En Sevilla se ha forjado una imagen de política seria y alejada de las estridencias que le ha permitido posicionarse como uno de las consejeras más valoradas por los ciudadanos del Gobierno de Juanma Moreno.

La aún consejera de Fomento tiene ante sí el reto de volver a conectar con el electorado granadino tradicional del Partido Popular para ofrecer una imagen fuerte que no deje lugar a dudas de quién es el caballo ganador en el centro derecha de cara a las próximas elecciones. Y, para lograrlo, deberá apoyarse en el liderazgo efectivo del que está haciendo gala en la Junta de Andalucía.

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