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De mayor quiero trabajar en Google

De mayor quiero trabajar en Google

Nos gusta sentirnos valorados y que se reconozca cuando nuestro trabajo está bien hecho.

El jefe con la cantinela de: “no voy a felicitar por algo que es un deber” ya no vale en las organizaciones del siglo XXI, más empáticas, que saben que la motivación de sus empleados es un gran pilar para la productividad.

Atrás quedó la época en la que el empleado era el último stakeholder.

Y es que no podemos pedir compromiso sin dar nada a cambio (a no ser que seamos una ONG, claro).

Y aquí es donde entran en juego los famosos incentivos.
Te invito, personalmente, a hacer reflexión y balance sobre ellos (tanto si eres empresario, como si eres director comercial o comercial directamente), ya que puedes, a través de tu influencia o de sugerencias, fomentar cambios en tu organización.

Algunas de las formas de reconocimiento no cuestan nada, un simple “muchas gracias” o “buen trabajo” vale para muchos más que una cesta de navidad.

Eso sí, las motivaciones se deben analizar individualmente, de acuerdo con las necesidades de cada trabajador. No podemos ofrecer lo mismo a un padre de familia (que seguramente ansíe un horario más flexible con el que poder sobrellevar el combo paternidad-trabajo), que a un joven (con ganas de comerse el mundo, viajar, sin responsabilidades y cuyo motor es el de seguir aprendiendo y hacer carrera).

Por supuesto, Don Dinero sigue cotizando al alza entre los incentivos más valorados (quién diga que no le importaría no tener un extra o un aumento de sueldo, miente como un bellaco).

Pero siempre resulta interesante, como directivo, trabajar también los incentivos cualitativos, porque al final el ambiente laboral también importa (Y MUCHO); y son los detalles del día a día del trabajador, los que te harán obtener un compromiso más arraigado por su parte que el que supone un aumento de salario (que cualquier empresa podrá igualar o superar en cualquier momento).

Algo que recomiendo personalmente es hacer espejo con las compañías tecnológicas, como el famoso Google, que suelen tener implantados muchos incentivos cualitativos para hacer del entorno de trabajo un lugar en el que el trabajador quiera estar y un casi un segundo hogar.

Aquí te expongo algunos de estos incentivos cualitativos, extraídos de “El pequeño libro de la motivación” de Rubén Turienzo.

· Conciliación familiar: Tener la posibilidad de un horario flexible es un incentivo muy valorado por aquellos que necesitan tiempo para asuntos familiares. Una buena opción que fomenta la motivación es proponer que los que tengan un mayor rendimiento puedan diseñar su propio horario.

· Viajes: Un clásico. ¿A quién le viene mal un poco de cambios de aires de la ciudad y la oficina? Si mezclas la experiencia del viaje con una formación especial habrás acertado en dos motivaciones clave de un solo tiro.

· Tiempo libre: un día más de vacaciones puede no suponerte mucho a ti y sí a tus empleados.

· Regalos: los objetos como relojes, camisetas o tablets pueden ser una motivación extra. Puedes establecer que si se cumplen unos objetivos se puedan canjear.

· Formación: si hay algo que nos mueva igual o  que el dinero eso es la formación. Queremos crecer y no sentirnos estancados y anclados. Dale a tus empleados formación constante y esa misma será la motivación que les haga no querer irse de tu lado.

· Incentivos en la oficina: en esto las oficinas de Google se llevan la palma de oro, fruta fresca, salas en las que echar un sueñecito y hasta toboganes.
Ciudar los detalles en la oficina y hacer de ella un segundo hogar hará que tus empleados se sientan cómodos y trabajen mucho más motivados.

· Comidas subvencionadas: negociar precios con algún restaurante o cafetería cercanos para ofrecerlos más rebajados a tus trabajadores es todo un detalle (sobre todo para los que trabajen a jornada partida). Ésto, además, fomentará el compañerismo y unirá lazos hacia un mayor compromiso.

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